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La
Pandilla.- Danza costumbrista de la región y a la vez
representativa, bailada principalmente en las fiestas de San Juan y San
Pedro.
La Cuadrilla.- Baile tradicional bailado al
iniciar una fiesta en la antigüedad.
La Danza de la Izana.- Representa el tributo
que ofrecen los pobladores a la Cañabrava, cuyo material se emplea para la
construcción de casas, cercos, etc.
La Danza del Tacacho.- Representa a la
preparación de un plato típico de la zona preparado a base de plátano
asado, machacado con una piedra en un platillo.
La Danza de la Carachupa.- Representa un rito
ancestral de las comunidades nativas como un tributo que ofrecen a la
carachupa o armadillo animal oriundo de la selva.
La
Sombrerera.- Representaba a la mujer que tejía durante todo el día
las fibras de la paja toquilla, confeccionando elegantes sombreros,
sentada en un rincón de la humilde casita, con su mirada atenta y la que
al mismo tiempo, también, iba tejiendo sus ilusiones.
El Chacarero.- Hombre de humilde condición
que con toda fe y voluntad vive dedicado a su trabajo de campo. Es el
pequeño productor, que su labor cotidiana de cultivar la tierra lo hace
siempre con la sonrisa en los labios. Es el soldado más necesario, que
armado de sus herraduras labra la tierra para hacer la guerra más noble
contra el hambre, cuando triunfante saca el grano que la pródiga tierra le
brinda.
El Leñatero.- Vigoroso, de estatura mediana,
el torso hercúleo, firme el paso, la mirada penetrante, de poco hablar, el
leñatero es hombre de personalidad definida y de recio carácter. Con su
vigor inagotable, cada día arranca de los montes el elemento necesario: la
leña, que la utilizan para combustible de los hogares. Luego de conseguir
su preciosa carga, que lleva sobre las espaldas firmes y fuertes, viene a
la ciudad llevando con su producto el sustento para los suyos.
La
Aguajera.- Sencilla y modesta, pero alegre, se desliza por las
apacibles calles moyobambinas la vendedora de aguaje, llevando sobre la
cabeza, con extraordinario equilibrio sobre la mágica Umallina, una
bandeja con ricos y carnudos aguajes, para luego ubicarse en una de las
esquinas de las calles de Moyobamba e iniciar su venta y así llevar el
sustento a su hogar.
La Lanta Tipina.- Fiesta familiar de
ancestro, en honor al corte del primer pelo de niño, apadrinado por varias
personas. Pero ese entonces, se acondicionaba convenientemente entre la
fina cabellera de los niños en pequeños moñitos, los mismos que al ser
cortados, las personas adquirían el compromiso de compadrazgo y a la vez
tenían que depositar un regalo pecuniario en el plato, que sobra la mesa
se colocaba para dichos fines. Luego continuaba la fiesta con mucho
derroche popular.
La
Aguatera.- Mujer erguida, de mirada dulce y llena de embrujo, de
ojos vivaces con la sonrisa a flor de labio, con sus senos túrgidos, con
su corazón, nido de cándidos amores, lleva en la erguida cabeza su cántaro
sobre la prosaica umallina, ya en las horas en que el sol envía su luz
potente, así como en esos lujosos amaneceres de la selva.
El Responso.- Que se practica el día de los
difuntos, el dos de noviembre de todos los años. En la creencia popular, a
la primera palabra que pronuncia el cura en el cementerio, todas las almas
alzan vuelo hacia el cielo, es decir: regresan a su lugar de origen. Los
responsos se cobraban de dos maneras: el hablado y el cantado. El primero
costaba un poco menos y el segundo costaba más. Ello era a pedido del
solicitante y el sacerdote incansablemente celebraba los responsos a las
almas que alguna vez tenían presencia material en este mundo terrenal.
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